Puesta en escena




 La escenografía sitúa al espectador en una habitación, que funciona como hogar de las integrantes de esta pequeña familia, quienes se vinculan a través del juego como forma de comunicación.

Los personajes son oscuros, impenetrables, con una identidad que no puede escindirse del lazo que los une, como si fueran una misma persona sin serlo, con semejanzas tan diferentes que solo pueden soportarse en el aislamiento perpetuo.

El vestuario es antiguo, rígido, similar entre madre e hija. De esta manera se busca dar la idea de atemporalidad y repetición.

El espacio dramático envuelve al espectador en un largo día exactamente igual a los otros, en un cuarto pequeño, dando sensación de encierro y reiteración. Un lugar donde los personajes, madre e hija, conviven con la esperanza utópica del cambio, como salvación de sus vidas. La proximidad con él público  será estrecha, intentando provocar  una identificación con los personajes, sus vínculos, más allá de lo racional y de la historia misma.